01 diciembre 2012

El paleontólogo Jack Horner está cada vez más cerca de crear un dinosaurio




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Hace unos años (2009) salió a la luz pública una noticia que dejo atónitos a todos. La misma fue protagonizada por el renombrado paleontólogo Jack Horner, quien ha pasado su carrera tratando de reconstruir dicho dinosaurio. Sus investigaciones se basan en el hallazgo de unos fósiles con vasos sanguíneos extraordinariamente bien conservados y tejidos blandos.

Nos referimos al descubrimiento que se hizo a principios del 2009 de dos nuevos “dinosaurios”. El primero, bautizado con el nombre de Anchiornis huxleyi , le faltaban la cabeza, el brazo derecho y parte de la cola. Su tamaño estimado era de unos 34 centímetros de longitud y 110 gramos de peso, lo que lo convierte en el dinosaurio más pequeño conocido. El fósil, con una antigüedad de 155 millones de años, data de finales del Jurásico, y muestra débiles rastros de plumas. Fue clasificado dentro del grupo de los antepasados directos de las aves, con lo que se convertía en el ave más antigua conocida, desbancando a otro fósil conocido como Archaeopteryx, que apareció 5 millones de años más tarde.

El fósil "Anchiornis huxleyi".


El fósil "Anchiornis", un ejemplar completo al cual se le pueden observar las huellas de las plumas.


El segundo es un ejemplar completo de Anchiornis, mejor conservado y al cual se le pueden observar las huellas de las plumas (visibles) que cubrían todo su cuerpo. Las patas delanteras, las traseras y la cola están cubiertas de plumas largas, igual que en Archaeopteryx, pero las plumas no son asimétricas como en éste, sino simétricas, lo que indica que Anchiornis no podía volar. Análisis y estudios del cráneo de Anchiornis indicaron que no se trata de un antepasado de las aves, como se creía, sino que pertenece al grupo de los troodóntidos. Los troodóntidos, junto con los dromeosáuridos (grupo al que pertenecen los famosos velocirraptores), forman el grupo de los deinonicosaurios , dinosaurios bípedos carnívoros dotados de una larga uña en forma de hoz en las patas, que son los parientes más próximos de las aves. Todos ellos, aves y deinonicosaurios, forman el grupo denominado paraves o eumanirraptores.

El caso es que el Dr. Jack Horner señala que es posible traer de vuelta a estos seres tomando descendientes vivos de los dinosaurios (en este caso pollos) y modificándolos genéticamente para reactivar rasgos ancestrales. “Estoy buscando a un investigador postdoctoral. Concretamente, un postdoctorado que sepa mucho sobre la biología del desarrollo y, además, también sea experto en aves”, señalo.

Imagen que ilustra el posible plumaje de este antepasado de las aves.
Reproducción a escala del "Anchiornis".


El procedimiento que realizarán será utilizar un embrión de gallina, y mediante ingeniería genética reactivarán los genes atávicos del ADN para devolver características que perdió en su evolución de dinosaurio a ave. Para lograrlo es necesario encontrar tres genes en concreto, unos que activan el tamaño, otro que permite que haya o no dientes y por último los genes que transformaron las garras originales en alas.

“Se trata de alterar los niveles de determinadas proteínas reguladoras de la expresión genética, en concreto de aquellas que han suprimido esas características dinosaurianas en las aves. Las aves son dinosaurios, llevan su mismo ADN, así que lo que hacemos es intentar que de un dinosaurio salga otro dinosaurio.” señaló Horner a ABC.

Algunos terópodos avanzados tuvieron plumas. Recientemente, se ha podido inferir el color de su plumaje a partir de los restos de melanosomas.
Terópodos es un suborden de dinosaurios saurisquios que vivieron desde el Triásico superior hasta el Cretácico superior. No obstante la extinción de finales del Cretácico, este orden ha pervivido hasta nuestros días bajo la forma de las aves modernas, sus directos descendientes.


De acuerdo al científico, hasta ahora solo han encontrado aquellos que definen que tenga o no dientes, por lo que continúan buscando los otros dos. Según explica, si los encuentran y todo resulta bien, el animal resultante sería una gallina con dientes y garras.

Horner estima que a futuro será posible devolver a la vida a cualquier dinosaurio miembro del grupo de los terópodos, ya que las aves descienden de ellos.

Fuente: Discovery Magazine

El casuario es conocido como ‘dinosaurio vivo’, por sus piernas y linaje prehistórico.

Quantum opina:

El Dr. Horner no es el único científico que se ha expresado a favor de esta posibilidad. Hans Larsson, profesor de la Universidad McGill de Montreal quiere reproducir pollos con características de dinosaurios modificando genéticamente los embriones. Sus estudios demostraron como los cambios evolutivos que sufrieron las antiguas colas de los reptiles se reflejan en los embriones de pollo. Un embrión de pollo de dos días de edad presenta 16 vértebras (como las colas de los reptiles) y, a medida que se va desarrollando, la cola se va acortando hasta quedar en 5 vértebras.

Sin embargo, existe un problema que hay que salvar para lograr éxito en tan arriesgada empresa. Hace un par de meses la Universidad Murdoch en Australia, llevo a cabo un experimento que ha echado por tierra cualquier esperanza de traer de regreso cualquier especie extinta que hubiera muerto hace más de 521 años.

El origen de la fecha tan precisa tiene que ver con la naturaleza del experimento que consistió en la extracción de material genético de la médula de huesos de un ave gigante llamada moa, que vivió en Nueva Zelanda hasta su extinción alrededor del año 1,400 de nuestra era debido a la cacería.

Dr. Mike Bunce de la Universidad Murdoch en Australia

Los investigadores Mike Bunce y su colega Morten Allentoft encontraron que a medida que pasaba el tiempo, el ADN de la médula ósea (quizá el más protegido en un organismo al estar rodeado de hueso) se desbarataba hasta ser imposible su recuperación. Según los resultados del estudio (publicados este mes en la revista británica Proceedings) aquellos restos con más de 521 años después de la fecha de muerte, el material genético habrían perdido la mitad de su información (por lo cual habrían perdido su utilidad como fuente de información) y en 6.8 millones de años el ADN se habría desintegrado por completo.

Sin embargo, el científico australiano acotó que es probable que se pueda extraer una pequeña cantidad significativa de ADN de restos de alrededor de un millón de años de antigüedad conservados en ambientes gélidos y "hacer algo con ellos". Por otra parte, existen otras dificultades para extraer el ADN de insectos conservados en ámbar. Por una parte, los insectos tienden a desintegrarse por su estado de descomposición y el ADN suele estar contaminado e incompleto.

Al parecer el proceso de descomposición luego de la muerte, la humedad del terreno y la exposición a los rayos ultravioleta y al oxígeno son responsables de la degradación del frágil material genético residente dentro de las células, por lo que, las fantasías de volver a la vida animales y ancestros humanos han quedado cancelados definitivamente del mundo real y confinados al mundo de las novelas y películas de ciencia ficción.

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