Las nuevas imágenes del planeta Mercurio captadas por la sonda espacial Messenger están revelando detalles hasta ahora desconocidos de ese exótico mundo, incluyendo pistas sobre su origen y su turbulenta historia geológica. Pero también aumentan el grado de misterio acerca de algunos lugares del planeta.
La Messenger ha estado girando en órbita a Mercurio desde hace tres meses. Durante este tiempo, la sonda ha suministrado cientos de miles de imágenes en las que se aprecian con notable detalle cráteres y muchas otras estructuras. Años atrás ya se obtuvieron imágenes de la superficie del planeta, pero eran de una resolución mucho más baja.
La Messenger también ha hecho mediciones extensas de la composición química y la topografía de la superficie de Mercurio, así como observaciones globales del campo magnético del planeta. Los datos obtenidos en estas observaciones confirman ahora que en la magnetosfera de Mercurio circulan de modo constante violentas ráfagas de partículas con altos niveles de energía, como resultado de la interacción entre el campo magnético de Mercurio y el viento solar.


“Muchas de nuestras ideas iniciales las estamos descartando a medida que las nuevas observaciones nos conducen a nuevos hallazgos”, explica Sean Solomon del Instituto Carnegie de Washington, investigador principal de la Messenger. Aún hay muchos meses de misión por delante, y, tal como indica Solomon, cabe esperar que haya más sorpresas conforme el planeta más cercano al Sol vaya revelando algunos de sus secretos.
En imágenes anteriores de Mercurio, se detectó la presencia de marcas sutiles en los fondos de algunos cráteres. Sin disponer en su día de fotografías de alta resolución que pudieran ofrecer una imagen más nítida del fondo de cada cráter, esas marcas no despertaron gran interés en la comunidad científica. Pero ahora, las nuevas y detalladas imágenes de la Messenger han revelado que esas marcas son conjuntos de pozos irregulares, sin bordes bien definidos, y que varían en diámetro desde decenas de metros a unos pocos kilómetros. Esos pozos están rodeados a menudo por halos difusos o por material más reflectante.
En imágenes anteriores de Mercurio, se detectó la presencia de marcas sutiles en los fondos de algunos cráteres. Sin disponer en su día de fotografías de alta resolución que pudieran ofrecer una imagen más nítida del fondo de cada cráter, esas marcas no despertaron gran interés en la comunidad científica. Pero ahora, las nuevas y detalladas imágenes de la Messenger han revelado que esas marcas son conjuntos de pozos irregulares, sin bordes bien definidos, y que varían en diámetro desde decenas de metros a unos pocos kilómetros. Esos pozos están rodeados a menudo por halos difusos o por material más reflectante.


Esos pozos son del todo distintos a cualquier cosa vista antes en Mercurio o en la Luna (muy parecida en algunos aspectos a ese planeta), tal como subraya Brett Denevi del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, y uno de los especialistas en imágenes del equipo científico de la sonda Messenger.
El origen de esos enigmáticos pozos no está claro, aunque algunos científicos creen que pueden ser relativamente jóvenes, lo cual sugeriría la existencia en la corteza de Mercurio de un componente volátil más abundante de lo creído.
El origen de esos enigmáticos pozos no está claro, aunque algunos científicos creen que pueden ser relativamente jóvenes, lo cual sugeriría la existencia en la corteza de Mercurio de un componente volátil más abundante de lo creído.
Fuente: Mystery Planet

Quantum opina:
Mercurio tiene un contenido de hierro más alto que cualquier otro planeta principal en el sistema solar. Varias teorías explican esto. La primera, más aceptada entre los científicos, es que Mercurio al principio tenía una proporción de silicato metálico (condrito) similar a los meteoritos corrientes (se piensa que es el material rocoso más típico del sistema solar) y una masa aproximadamente 2,25 veces su masa actual. Sin embargo, en los comienzos del sistema solar, Mercurio fue golpeado por un planetesimal de aproximadamente 1/6 de su masa. El impacto habría quitado la mayor parte de la corteza original y su manto, dejando al núcleo como el componente principal de toda la estructura interna. Se cree que la creación de la Luna tuvo un proceso similar.
Para la segunda teoría, Mercurio podría haberse formado de la nebulosa planetaria originaria de nuestro sistema solar antes de que la energía del Sol se estabilizara. El planeta al principio habría tenido dos veces su masa actual. Pero como el protosol se contrajo, las temperaturas cerca de Mercurio podrían haber estado entre 2500º y 3500º K, y posiblemente tan altas como 10000º K. La mayor parte de la roca superficial de Mercurio se habría vaporizado con tales temperaturas, formando una atmósfera de vapor de roca, que posteriormente el viento solar se encargaría de disipar en el espacio.
Una tercera teoría propone que la nebulosa planetaria causó la resistencia física sobre las partículas del disco de acrecimiento de Mercurio, lo cual hizo que numerosas partículas de materia ligera de dicho disco se perdieran.
Cada una de estas teorías predice una composición superficial diferente.
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Para la segunda teoría, Mercurio podría haberse formado de la nebulosa planetaria originaria de nuestro sistema solar antes de que la energía del Sol se estabilizara. El planeta al principio habría tenido dos veces su masa actual. Pero como el protosol se contrajo, las temperaturas cerca de Mercurio podrían haber estado entre 2500º y 3500º K, y posiblemente tan altas como 10000º K. La mayor parte de la roca superficial de Mercurio se habría vaporizado con tales temperaturas, formando una atmósfera de vapor de roca, que posteriormente el viento solar se encargaría de disipar en el espacio.
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