09 octubre 2009

Spitzer descubre "anillo supergigante" alrededor de Saturno




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El telescopio Spitzer de la NASA ha descubierto un anillo gigante, compuesto de partículas de polvo y hielo alrededor de Saturno. En su parte más cercana se encuentra a 6 millones de kilómetros del planeta y se extiende hasta una distancia de unos 12 millones. Febe, una de las lunas más lejanas de Saturno, orbita dentro de este anillo y, según la NASA podría ser la fuente del material que lo compone, como consecuencia del impacto de cometas sobre su superficie.

Este anillo supera por su tamaño a los más grandes conocidos del sistema solar hasta ahora, que eran los de Gossamer, alrededor de Júpiter, y el anillo E de Saturno, pero su densidad es mucho más débil. El equipo de astrónomos encabezado por Anne Verbiscer de la Universidad de Virginia lo descubrió en febrero al observar con el telescopio Spitzer el satélite Febe, cuyo diámetro es sólo de 214 kilómetros, y su espacio cercano.

El nuevo halo de Saturno es ancho y su altura es 20 veces mayor que el diámetro del planeta. Según los investigadores, podría dar cabida a mil millones de tierras. El Spitzer consiguió detectar el brillo del polvo frío gracias a su telescopio infrarrojo. Lanzado en 2003, este observatorio espacial se halla en la actualidad a 107 millones de kilómetros de la Tierra orbitando alrededor del sol.


Los científicos sospechaban que había una conexión entre Febe y el oscuro material de Jápeto.

El plano de este anillo está inclinado 27 grados con relación al anillo principal de Saturno. Es el mayor anillo del sistema solar, y a su vez es invisible desde la Tierra, según artículos publicados el miércoles en la revista Nature.

Hasta ahora, el mayor anillo de este planeta -y también del Sistema Solar- era el denominado 'E' (los anillos de Saturno están clasificados alfabéticamente según el orden en que fueron descubiertos), que rodea al planeta a una distancia de 240.000 kilómetros.

El hallazgo de este nuevo anillo también es importantes porque puede ayudar a explicar Cassini Regio, la misteriosa región oscura que cubre parte de Jápeto, otra de las lunas de Saturno, y cuyo material es desconocido. "Los científicos sospechaban que había una conexión entre Febe y el oscuro material de Jápeto", afirma Douglas Hamilton de la Universidad de Maryland, "este hallazgo prueba esta relación".

El anillo gigante está compuesto de partículas de polvo e hielo.

"Partículas del anillo de una talla inferior a unos centímetros migran lentamente hacia el interior y muchos de ellos terminan sobre la faz visible y oscura de Jápeto", consideran los autores del estudio de Nature. Según otra teoría, la cara visible de Jápeto, calentada por el Sol, sería negra a causa de la evaporación del hielo que contiene, al acumularse el agua en su cara oculta, por lo tanto más clara.

El nuevo anillo circula en la misma dirección que Febe, mientras que Jápeto, como la mayoría de lunas y anillos de Saturno, lo hace en dirección contraria. De acuerdo con científicos de la Agencia Espacial norteamericana, parte del materia procedente de diferentes anillos rebota contra la superficie de Jápeto, golpeando la superficie del planeta "como mosquitos en un parabrisas".

A pesar de su gran tamaño, el anillo 'supergigante' es prácticamente indetectable con telescopios de luz visible, y por eso ha tardado tanto tiempo en descubrirse. El motivo es que las partículas que lo componen se encuentran muy separadas, con grandes distancias entre ellas.

"Las partículas se encuentran tan separadas que si te encontraras dentro del anillo, ni siquiera te darías cuenta de su existencia", asegura Anne Verbiscer, una astrónoma de la Universidad de Virginia que ha participado en la investigación.

Fuente: NASA

06 octubre 2009

La Tierra no tiene defensas contra asteroides




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En la inmensidad del espacio se han detectado cerca de 450.000 objetos celestes amenazadores para la Tierra, de los cuales unos 6.000 son potencialmente peligrosos y de estos hay unos 1.050 que tienen más de un kilómetro de diámetro, de manera que de colisionar serían muy destructivos. Se trata de cometas, asteroides y meteoritos contra los cuales actualmente no tenemos protección alguna.

Así lo ha explicado en declaraciones a EFE Juan Luis Cano, ingeniero aeronáutico y fundador de la empresa Deimos Space, que desde el 2001 trabaja en el desarrollo del proyecto de la Misión de la Sonda Espacial Don Quijote, que propone como solución desviar los asteroides de su órbita y que está financiada por la Agencia Espacial Europea (ESA).

Cano, que ha ofrecido en Lleida una conferencia para explicar esta misión, señala que se calcula que el riesgo de que en el próximo siglo un asteroide potencialmente destructivo impacte contra la Tierra es de un 2%, un porcentaje que aunque es bajo "no es nada despreciable".


La Sonda Espacial Don Quijote

"Puede que nosotros tengamos la suerte de no verlo, pero tenemos una responsabilidad respecto a las generaciones futuras y por ello se tienen que buscar soluciones a la amenaza que suponen los asteroides, que aunque es pequeña podría conllevar consecuencias terribles", explica Cano. Este experto recuerda que por ejemplo el año pasado cayó un meteorito en el desierto de Sudán que por suerte era de pequeñas dimensiones pero cuya presencia no se detectó.

Asimismo, hace un siglo cayó otro en Siberia y arrasó una zona boscosa de 25 kilómetros y se piensa que hace 60 millones de años la caída de un meteorito en Yucatán fue la causa de la extinción de los dinosaurios. El problema es que aunque ahora ya se está trabajando en la detección a tiempo de estos cuerpos celestes peligrosos para la Tierra nadie está invirtiendo dinero en buscar soluciones a esta amenaza.

"Por ejemplo, nuestra misión Don Quijote está teniendo problemas de financiación a pesar de que su coste, de unos 300 millones, sería perfectamente asumible por un país como España. La NASA se está centrando en la detección de los meteoritos pero nadie aporta soluciones", explica Cano.

Y es que las formas de abordar un 'ataque' de un meteorito son múltiples y variadas. La Misión Don Quijote, la solución considerada por ahora como la más viable por los expertos internacionales, propone el envío de dos sondas, una para impactar contra el asteroide y otra para calcular si se ha conseguido desviar su trayectoria.

Nadie está invirtiendo dinero en buscar soluciones a esta amenaza.

"Lo más peliculero es enviar un misil termonuclear para que explote contra el meteorito, pero las armas nucleares son difíciles de controlar y además hacer explotar el objeto podría dividirlo en mil trozos más, parte de los cuales también vendrían hacia la Tierra, así que no es una solución", explica Cano.

Otras de las propuestas aportadas son acercar una sonda al asteroide peligroso para intentar mover su eje gravitatorio y que desvíe su trayectoria o enviar velas solares al espacio para ocultar el sol del objeto de manera que no le llegue el empuje del viento solar y se modifique su rumbo. El problema es que a pesar de que se compruebe que alguna de estas soluciones funciona, hay que detectar los asteroides con años de antelación para poder intentar a tiempo destruirlos o desviarlos.

Aunque la NASA centra sus trabajos en dicha detección, siempre hay objetos incontrolados.

Precisamente, este mes de septiembre un astrónomo leridano, Josep Maria Bosch, ha descubierto desde un observatorio particular instalado en su vivienda de Tàrrega un asteroide peligroso de grandes dimensiones.
Se trata de un meteorito de 1,2 kilómetros de diámetro cuya órbita se cruza con la de la Tierra.

"Habrá que esperar a ver si la influencia de Júpiter modifica su trayectoria. De todos modos, si algún meteorito se dirigiera contra nuestro planeta no tendríamos nada que hacer. Pero llevamos muchos miles de años aquí y nunca ha pasado nada. No hay que ser alarmista", señala Bosch.

Fuente: EFE


05 octubre 2009

El motor de plasma, del físico Chang Díaz, es toda una realidad




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El motor de plasma ideado hace más de tres décadas por Franklin Chang Díaz para realizar viajes espaciales de forma más rápida y barata ya no es un sueño: es una máquina que funciona a toda potencia. El pasado miércoles 30 de setiembre, cuando la aguja del reloj en el laboratorio de Ad Astra Rocket en Houston, Texas, marcaba un minuto antes del medio día, el motor, ubicado en una gran cámara de vacío que simula las condiciones del espacio exterior, conquistó su última gran prueba en la Tierra: funcionar a 200 kilovatios, su máxima potencia.

Chang, quien se encontraba en una reunión con inversionistas en Boston, Massachusetts, curiosamente recibió la noticia en el sitio donde esbozó los primeros planos del motor, cuando en 1979 trabajaba en el laboratorio Charles Stark Draper del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

El motor en realidad superó su meta por un kilovatio. Los gráficos del experimento muestran como por un lapso de menos de un segundo, en su disparo número 1.159, el VX-200 funcionó a 201 kilovatios. “Es menos de un segundo, pero en la dinámica de estos disparos esto indica que está establecido”, señaló Chang.


La secuencia muestra el disparo de plasma realizado en la última prueba

Aunque el motor podría seguir funcionando por más tiempo, las bombas que succionan el aire de la cámara para generar el vacío que simula las condiciones del espacio exterior se saturan. Por ello, el disparo de plasma debe mantenerse por un lapso muy corto, explicó el físico y astronauta tico. “Llegamos a la cima (...) tenemos suficiente información para diseñar el motor que va a volar”, enfatizó Chang.

Con la conquista de este hito, los científicos de Ad Astra Rocket ahora pasarán a la tarea de construir el motor que irá al espacio y que se probará en la Estación Espacial Internacional , según el acuerdo suscrito entre la compañía de Chang y la NASA en diciembre del 2008. Dicho vuelo se hará probablemente en el 2013, según adelantó ayer Chang a La Nación .

El motor de plasma (VASIMR)

La labor.

La demostración en la Tierra de que el motor de plasma funciona y a toda potencia llega poco más de cuatro años después de que en julio del 2005 el costarricense abandonó la NASA para perseguir su sueño. Consciente de que las limitaciones presupuestarias de la NASA no dotarían a su proyecto con los $100 millones necesarios para desarrollar la tecnología y construir el motor que volará en el espacio, Chang privatizó su laboratorio y se fue en busca de capital privado.

Fundó Ad Astra Rocket, abrió dos laboratorios –uno en Houston, Texas y otro en Liberia, Guanacaste– y junto a un equipo de talentosos científicos e ingenieros empezó a desarrollar la ciencia y la tecnología para cumplir sus sueños.

Tras demostrar que la teoría detrás de su invento funcionaba en un prototipo del motor de 100 kilovatios, en abril de este año empezó las pruebas finales con un prototipo de 200 kilovatios y con todos los componentes que tendrá el motor que volará en el espacio. Ahora, con la prueba final en la Tierra conquistada, Chang y su equipo de científicos se dedicarán a repetir el disparo de 200 kilovatios.

El equipo pretende analizar el comportamiento del plasma y los componentes del motor en aras de aprender todo lo que el prototipo les pueda enseñar para fabricar el motor que volará en el espacio. Chang, quien ayer llegó a San José, se dirigirá hoy hacia su laboratorio en Liberia. Allí, a las tres de la tarde, junto a los científicos que laboran con él y conectado virtualmente con los de Ad Astra Rocket en Houston –y a todos los demás colaboradores en el resto del planeta– celebrará la superación de todas las pruebas del motor de plasma en la Tierra.


Esquema y funcionamiento del motor de plasma

Potente y complejo motor

El Motor de Magnetoplasma de Impulso Específico Variable conocido como VASIMR por las siglas de su nombre en inglés (Variable Specific Impulse Magnetoplasma Rocket) es un motor para propulsión de vehículos espaciales a base de plasma. Funciona de forma similar a la de un cohete químico tradicional, en el que, con ayuda de un combustible, se crea una explosión que viaja por la tubería del cohete y con ello produce la aceleración que hace que el vehículo se desplace. Sin embargo, en lugar de combustible, se acelera el plasma, el cuarto estado de la materia.

En la primera etapa del motor, que funciona a 30 kilovatios, se obtiene el plasma, al calentar gas argón con una antena de radiofrecuencia formando una sopa de iones a más de 50.000° C.En la segunda etapa, que trabaja a 170 kilovatios, con ayuda de otra antena se acelera el plasma para lograr la propulsión deseada del motor.No obstante, como el plasma es tan caliente, no existe un material capaz de contenerlo. En el diseño de Chang, un campo magnético se encarga de formar el recipiente para el plasma, pero debe ser un campo magnético muy potente que solo se logra usando magnetos superconductores que trabajan a la bajísima temperatura de -268° C. Así, en un espacio muy pequeño, deben convivir temperaturas extremas.

Fuente: Nacion.com


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