05 agosto 2011

Despega el Atlas V con la sonda Juno en un viaje hacia Júpiter




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La agencia espacial estadounidense NASA lanzó este viernes la nave espacial no tripulada Juno, que funciona con energía solar y costó más de mil millones de dólares, a un viaje de cinco años a Júpiter, para que investigue la composición del planeta más grande del Sistema Solar. La sonda fue lanzada al espacio a las 12H25 (16H25 GMT) a bordo de un cohete Atlas V, de 60 metros de altura, desde una plataforma ubicada en Cabo Cañaveral, Florida (sureste de Estados Unidos).

"Se enciende y despega el cohete Atlas V con la sonda Juno en un viaje hacia Júpiter, una pieza del rompecabezas planetario sobre el comienzo de nuestro Sistema Solar", dijo un comentarista de televisión de la agencia espacial estadounidense al reportar el lanzamiento. Una vez que llegue a su destino, en julio de 2016, la nave orbitará los polos del gigantesco planeta de gas, que se cree fue el primero formado alrededor del Sol y cuya masa es dos veces superior a la de todos los planetas del Sistema Solar juntos.



Llamada Juno por la diosa romana hermana y esposa de Júpiter, esta sonda de 1.100 millones de dólares realiza la primera misión de una nave espacial no tripulada a Júpiter desde 1989. Entonces, la NASA lanzó Galileo, una nave de exploración que entró en la órbita de Júpiter en 1995 y que ingresó al planeta en 2003, finalizando así su misión.

Juno, cuya misión contempla 30 órbitas durante un período de un año, se acercará a Júpiter más que ninguna otra nave de la NASA y será la primera en orbitar los polos del planeta, dijo Scott Bolton, principal investigador de Juno y científico del Southwest Research Institute en San Antonio, Texas (sur). "Uno de los principales objetivos de Juno es investigar el origen de Júpiter y el origen de nuestro Sistema Solar", dijo Bolton el viernes, justo antes del lanzamiento.

Juno al momento de ser ensamblado.


Ingenieros revisando los paneles de la sonda Juno, en las instalaciones de Titusville, Florida.


"Juno está preparada para aprender sobre la etapa temprana del Sistema Solar, y sobre cómo se formó Júpiter", dijo Bolton. "Realmente estamos esperando la receta de la formación de los planetas", agregó. Otras naves de la NASA, como Voyager 1 y 2, Ulises y Nuevos Horizontes, también sobrevolaron este planeta, el quinto en distancia que gira alrededor del Sol.

Juno pasará los dos primeros años de su misión viajando alrededor del Sol, luego regresará para sobrevolar la Tierra, lo cual le dará impulso gravitacional para su viaje de tres años hacia Júpiter. Una vez que llegue a su destino, Juno orbitará a 5.000 km por encima de las nubes de Júpiter y usará una serie de instrumentos, proporcionados por los socios de la Agencia Espacial Europea (ESA), Italia, Francia, Dinamarca y Bélgica, para estudiar el funcionamiento del planeta y explorar su composición.

Juno pasará los dos primeros años de su misión viajando alrededor del Sol.

Dos experimentos clave permitirán calcular la cantidad de agua que hay en Júpiter y determinarán si el planeta "tiene un núcleo de elementos pesados en el centro o si está todo hecho de gas", explicó Bolton. Además, los científicos esperan aprender más sobre los campos magnéticos y su gran lunar rojo, una tormenta que ha estado ocurriendo por más de 300 años.

"Una de las preguntas fundamentales es ¿cuán profundas son las raíces de ese lunar rojo? ¿Cómo se mantiene (la tormenta) por tanto tiempo?", dijo Bolton. Juno lleva consigo algunos juguetes como parte de una campaña de sensibilización a los más jóvenes sobre las matemáticas y la ciencia. Tres muñecos de plástico de unos cuatro centímetros hechos por la empresa Lego se encuentran a bordo: uno es el astrónomo italiano Galileo Galilei, quien descubrió cuatro de las lunas de Júpiter, otro es el dios romano Júpiter y el tercero es su esposa Juno.

En la imagen, tres figuras de Lego esculpidas en aluminio que representan al dios Júpiter, su esposa Juno, y a Galileo Galilei. Estas figuras van a bordo de la sonda Juno rumbo a Júpiter.


En 2003, al definir la misión de Juno, la NASA evaluó usar una especie de combustible nuclear para su motor, pero los ingenieros decidieron que la nave sería más rápida y segura si utilizaba energía solar. Juno integra una nueva serie de misiones científicas planetarias: la sonda Grail será lanzada hacia la Luna en septiembre, y el Laboratorio de Ciencias de Marte despegará hacia el planeta rojo en noviembre.

"Estas misiones están diseñadas para resolver algunas de las más difíciles cuestiones de la ciencia planetaria, todas ellas acerca de nuestro origen y de la evolución del Sistema Solar", dijo Jim Green, director de la división de ciencia planetaria de la NASA, en Washington.

Fuente: AFP

En la imagen, la placa que conmemora las contribuciones de Galileo a la ciencia. En ella hay un un autorretrato suyo, y unos textos que escribió cuando observaba los satélites galileanos.


Quantum opina:

Es la primera vez que una sonda con un destino tan alejado del Sol va a usar paneles solares como fuente de energía en lugar de los habituales generadores de radioisótopos. Anteriores naves espaciales enviadas a los llamados planetas exteriores llevaban pilas atómicas que suministraban electricidad a sus aparatos e instrumentos. Con Juno, los científicos confían encontrar la respuesta a algunas de las preguntas más elementales del sistema solar.

Juno lleva a bordo, además de su carga científica, tres figuras de Lego esculpidas en aluminio que representan al dios Júpiter, su esposa Juno, y a Galileo Galilei, quien tantas horas dedicó al estudio de este planeta y sus lunas. Junto con ellos viaja una placa que conmemora las contribuciones de Galileo a la ciencia, con un autorretrato suyo, y unos textos que escribió mientras observaba los que luego serían bautizados como satélites galileanos. Va convenientemente equipado con un telescopio.

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03 agosto 2011

Gigantesco impacto explicaría porque cara oculta Luna es más alta y gruesa




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La región montañosa de la Luna, conocida como las tierras altas lunares de la cara oculta, puede ser el resto sólido de una colisión con una luna más pequeña, según un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC). El trabajo, publicado en la revista 'Nature', se basa en la "teoría del gran impacto", en la que un objeto del tamaño de Marte colisionó con la Tierra en la historia temprana del Sistema Solar y los elementos expulsados se unieron para formar la Luna.

El estudio sugiere que este gigantesco impacto también creó otro objeto, más pequeño, que en un principio compartía órbita con el satélite, pero que finalmente cayó sobre ésta, que quedó cubierta de un lado por una capa de corteza sólida de kilómetros de espesor. Las notables diferencias entre los lados de la Luna han sido un misterio desde hace mucho tiempo. El lado más cercano es relativamente bajo y plano, mientras que la topografía de la cara oculta es alta y montañosa, con una corteza más gruesa.

Un impacto de este tipo provocaría el engrosamiento de la corteza lunar, en su cara oculta, redistribuyendo el magma en su cara visible, provocando una topografía más suave y con menos accidentes. En la imagen un modelo basado en esta teoría.


"Este estudio encaja con la teoría del gran impacto sobre la formación de la Luna, que sugiere que debería existir una cantidad masiva de fragmentos en órbita alrededor de la Tierra, además de la propia Luna. Además, concuerda con lo que se conoce acerca de la estabilidad dinámica de este sistema, el proceso de enfriamiento de la Luna, y las edades de las rocas lunares", expone el profesor de ciencias terrestres y planetarias en la UCSC, Erik Asphaug.

Asphaug ya ha realizado simulaciones por ordenador del gran impacto, y afirma que la aparición de otras pequeñas lunas es común en tales simulaciones.

Así, en el trabajo, Asphaug y Jutzi crearon simulaciones por ordenador de un impacto entre la Luna y una compañera más pequeña (alrededor de una trigésima parte de la masa de la luna) para estudiar la dinámica de la colisión y el seguimiento de la evolución y distribución de material lunar. "En una colisión a baja velocidad, el impacto no forma un cráter y no causa fusión; en cambio, la mayoría de los materiales que chocan se amontonan en el hemisferio afectado formando una gruesa capa de corteza sólida, creando una región montañosa comparable en extensión con las tierras altas lunares del lado oculto", apunta.

Los investigadores lograron recrear cómo pudo ser el impacto entre la Luna y el cuerpo que tenía 30 veces menos masa.


"Por supuesto, los modelos de impactos tratan de explicarlo todo con colisiones En este caso, se requiere un choque extraño que, al ser lento, no forma un cráter, sino que amontona material en la superficie", señala Asphaug.

El modelo también podría explicar las variaciones en la composición de la corteza de la Luna, que está dominada en su lado más cercano por terreno relativamente rico en potasio (K), elementos de tierras raras (RE), y fósforo (P), denominadas rocas KREEP. Estos elementos, así como el uranio y el torio, se concentrarían en el océano de magma que se solidificó bajo la corteza de la Luna. En las simulaciones, la colisión aplasta esta capa de KREEP en el hemisferio opuesto.

Las grandes montañas del lado oscuro de la Luna fueron causadas tras una colisión entre ésta y otro satélite de la Tierra que terminó por desaparecer.


Otros modelos.

Existen otros modelos para explicar la formación de las montañas lunares, entre ellos uno publicado el año pasado en 'Science', que sugiere que fueron las fuerzas de la marea, en vez de un impacto, las responsables del grosor de la corteza lunar. "El hecho de que la cara visible de la Luna sea tan diferente del lado oculto ha sido un enigma desde los albores de la era espacial, tal vez sólo superado por el origen de la misma Luna", explica este estudio anterior.

Los expertos han comparado ambos trabajos y señalan que "uno de los aspectos más elegantes del nuevo artículo es que une los dos enigmas: tal vez la colisión gigante que formó la Luna también produjo algunos cuerpos más pequeños y uno de ellos cayó posteriormente a la Luna causando la dicotomía que observamos hoy".

Por ahora, los científicos señalan que no hay suficientes datos para decir cuál de los modelos ofrece la mejor explicación para la dicotomía lunar. "A medida que surjan más datos espaciales y, con suerte, muestras lunares, se aclarará cuál de estas dos hipótesis es la correcta", concluyen.

Fuente: Europa Press

La teoría habla que un cuerpo parecido al tamaño de Marte colisionó con nuestro planeta en los orígenes del Sistema Solar. Producto de dicho impacto, se desprendieron grandes pedazos que conformaron la Luna.


Quantum opina:

La Luna muestra la misma cara hacia la Tierra porque tarda exactamente el mismo tiempo en dar una vuelta sobre sí misma que en efectuar una rotación alrededor de nuestro planeta. Sin embargo, una simulación informática realizada por Mark Wieczorek y Matthieu Le Feuvre, del Instituto para la Física Terrestre de París, señala que hace unos 3.900 millones de años, el impacto de un gran asteroide hizo que la Luna, literalmente, se diera la vuelta, dejándola en la posición actual.

Estudios realizados en 46 cráteres de impacto lunares indican que, en el pasado, era la cara este, y no la oeste, la que recibía más impactos. Y eso significa que en algún momento esa fue la “parte frontal” de cara a la Tierra. Si revisamos las teorías acerca del origen de nuestra Luna nos encontramos con aquella que habla de un cuerpo del tamaño de Marte que colisionó con la Tierra, desprendiendo grandes pedazos que finalmente formaron la Luna. ¿Pudieron entonces, algunos de estos pedazos, haber formado otro satélite que compartió órbita con la Luna y que finalmente terminará chocando con ella?

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27 julio 2011

Vulcanismo en el lado oscuro de la Luna




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Las poderosas cámaras del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO), una sonda de la NASA dedicada al estudio de nuestro satélite natural en órbita a tan solo 50 kilómetros de su superficie, han descubierto una extraña zona volcánica en su cara oculta. El hallazgo arroja luz por fin sobre este «punto caliente», que ya había sido detectado con anterioridad pero que hasta ahora resultaba inexplicable. Los científicos creen que esta pequeña «provincia» volcánica pudo haber sido creada por el afloramiento de magma silícico. Su inusual ubicación y la sorprendente composición de la lava pueden ofrecer nuevas pistas sobre la historia de la Luna y cambiar algunas creencias establecidas sobre su formación geológica. La investigación aparece publicada en la revista Nature Geoscience.

El «punto caliente», que alberga una concentración del elemento radiactivo torio, es una extensión en forma de «ojo de buey» de 25 a 35 kilómetros de longitud, situada entre dos cráteres de impacto gigantescos y muy antiguos. Fue detectado por primera vez en 1998 y desde entonces se le conoce como anomalía de torio Compton-Belkovich, en honor a los nombres que reciben los cráteres.

Imagen tomada por la sonda Lunar Orbiter IV en 1967 mostrando la región Alfa Hansteen (izquierda) y la misma imagen con los nuevos datos LRO superpuestas, que muestran las zonas ricas en sílice en rojo y amarillo (derecha).


Las observaciones recientes, realizadas por la LRO, han permitido a los científicos distinguir las rasgos de los volcanes en el centro de ese «ojo de buey». Y se trata de un vulcanismo silícico mucho más raro del que ya se conocía en la Luna. Tanto, que la existencia de esta zona volcánica obligará a los científicos a modificar algunas de sus ideas sobre la historia de la Luna, según explica Bradley Jolliff, profesor de investigación en el Departamento de Ciencias Terrestres y Planetarias en la Universidad de Washington en St. Louis y responsable del equipo de analizó las imágenes.

El vulcanismo lunar es muy diferente del terrestre, algo que se debe a la particular formación del satélite. La Luna, que se cree que fue creada cuando un cuerpo del tamaño de Marte chocó contra nuestro planeta hace 4.500 millones de años, era originalmente un mundo infernal cubierto por un océano de roca fundida de 400 kilómetros de profundidad. Pero como la Luna era pequeña y no tenía atmósfera, ese océano de magma se enfrió rápidamente, en unos 100 millones de años. Esto evitó que se formara la tectónica de placas que sí existe en nuestro planeta.

Extraña zona volcánica en la cara oculta de la Luna.


Localización de una extensión en forma de «ojo de buey» de 25 a 35 kilómetros de longitud de lo que se conoce como una pequeña «provincia» volcánica.


Mares y montañas

Durante ese proceso, los minerales ligeros como el feldespato cristalizaron y flotaron en la parte superior para formar las tierras altas lunares, mientras que los minerales más pesados ricos en magnesio se hundieron formando la parte exterior del manto lunar. Hace unos 3.000 ó 4.000 años, se produjo una ola de actividad volcánica y la lava basáltica salió a la superficie, llenando antiguos cráteres de impacto. Pero lo hizo de forma desigual, lo que para los científicos ha resultado un misterio. La superficie de la Luna parecía dividirse solo en dos categorías: el territorio duro de los mares y el ligero de las montañas.

Los científicos comenzaron a sospechar que las cosas no eran tan sencillas en el año 2000, cuando Joliff y sus colegas encontraron zonas geológicas distintas. Una de ellas era otro «punto caliente» inmenso, denominado Procellarum Kreep (PKT), que contenía torio y otros elementos radiactivos, como potasio y uranio. Al enfriarse el magma, estos elementos no cristalizaron y formaron bolsas entre la corteza y el manto, lo que pudo provocar un vulcanismo intensivo diferente.

Fuente: ABC.es

Imagen tomada por la LRO de la anomalía torio Compton-Belkovich.

Quantum opina:

El paisaje lunar se ha caracyerizado por la presencia de cráteres de impacto, el material eyectado por éstos, algunos volcanes, depresiones rellenadas por el océano de magma, colinas y las marcas dejadas por los flujos de lava. Según imágenes, tomadas por la cámara del explorador lunar japonés KAGUYA, los científicos estiman que la mayoría del vulcanismo de los mares de la cara oculta de la Luna, cesó hace 3.000 millones de años, cuyos depósitos se estiman en unos 2.500 millones de años de antiguedad, lo que sugiere que el vulcanismo podría haber durado mucho más en algunas áreas.

Los primeros en atisbar la presencia de un tipo desconocido de vulcanismo en la cara visible del satélite fueron restos recogidos por las misiones Apolo de EEUU y Luna de la URSS hace más de 40 años. Estudios actuales revelan algunos domos volcánicos (elevaciones causadas por lava). Uno de estos posee una base de unos seis kilómetros y una altura de 1.000 metros.

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