20 abril 2010

Islandia, una «bomba» volcánica latente




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Fue Julio Verne el que eligió Islandia para que los protagonistas de "Viaje al centro de la Tierra'' se adentraran en las profundidades terrestres, justo por el cráter del volcán Snaefell. Pero hoy es otro de los cerca de doscientos volcanes que salpican esta isla de apenas 500 kilómetros de largo el que acapara la atención de medio mundo, curiosamente esta vez, el más rico y... ¿preparado? Dice Ramón Ortiz, vulcanólogo del Museo español de Ciencias Naturales, que «no existen los desastres, sino la mala gestión de los fenómenos naturales».

Pero más allá de las repercusiones en tiempo, malestar y dinero, la erupción de este volcán de impronunciable nombre -Eyjafjallajökull- pone sobre la mesa el latente peligro que esconde el interior de la Tierra. E Islandia es, sin duda, un auténtico hervidero volcánico, el mayor del planeta.

En 1946, gracias al sonar, se cartografió el fondo del océano Atlántico y se observó la existencia de una «cicatriz» que partía el planeta de norte a sur. Es la conocida dorsal mesoatlántica que separa las placas norteamericana y euroasiática. Hace 20 millones de años, esa dorsal, que se desplaza y por la que se escapa magma terrestre, colisionó con una enorme columna de roca surgida del fondo, un punto caliente que hizo elevarse la tierra y emerger, como si se destapara una lata de refresco, lo que hoy es Islandia. Es decir, además de verse dividida en dos, la isla se asienta sobre una «columna» activa de 650 kilómetros de profundidad.


Vista satelital de la nube de cenizas que invade el continente europeo.


La nube contiene pequeñas partículas de vidrio, rocas pulverizadas y silicato, que generan una nube de material que se asemeja al papel de lija.


Zona afectada por la nube de cenizas proveniente de Islandia.


De la misma manera que esa mesodorsal separa a América de Europa, lo mismo le sucede a Islandia, al ritmo de unos 2,5 centímetros al año. El interior de la Tierra ha encontrado en este punto del planeta un resquicio para respirar, pues no en vano un tercio de la lava de la Tierra la genera Islandia. Así las cosas, estamos ante la isla más volcánica del planeta, una fumarola latente que a veces da avisos como el de la semana pasada, pero otras, sustos como el de 1783, cuando la erupción del volcán Laki afectó seriamente durante tres años al clima del planeta y se calcula que causó, de forma indirecta, dos millones de muertos.

Una nube como el papel de lija

Hoy existen en Islandia volcanes potencialmente con la fuerza destructiva de Tambora o Krakatoa. Por fortuna para la isla y el resto del planeta, los volcanes islandeses tienen la particularidad de que suelen estar bajo glaciares y ese hielo hace las veces de tapón. Fuego y hielo llevan luchando entre sí millones de años. Pero hace 12.000 años, ese hielo se retiró y dio paso a una mayor actividad volcánica. Por eso, la pregunta que se vuelven a hacer muchos exertos hoy es si el equilibrio entre el hielo y el fuego se está desajustando debido al deshielo de la mayoría de glaciares. Si eso ocurre, mejor no pensar lo que pueda suceder...

Desde 1963, en Islandia había habido 21 erupciones, la última en 2004. La más trágica, la que provocó las posteriores inundaciones de 1996, en las que el deshielo generó tanta agua como la que mueve el río Amazonas en un verano. Ése es el mayor riesgo actual para los islandeses, las llamadas inundaciones glaciares. Pero esta vez, la erupción ha roto el esquema habitual, ya que los volcanes islandeses se caracterizan por soltar lava y no por explosionar y lanzar kilométricas nubes de gases a la atmósfera.

Erupción del volcán Eyjafjallajökull en Islandia.


Desde 1963, en Islandia han habido 21 erupciones, la última en 2004.


Mapa que muestra la ubicación de los volcanes en Islandia.

¿Y qué contiene esa nube volcánica? Pues pequeñas partículas de vidrio, rocas pulverizadas y silicato, que generan una nube de material que se asemeja al papel de lija. Ésa misma es la que se convierte en un riesgo para la navegación aérea. Los vientos podrían haber alejado esa nube de ceniza hacia el Ártico, pero esta vez han querido que lo hiciera hacia el continente europeo. Que Islandia o Alaska, como les sucede a veces, cierren su espacio aéreo no es noticia; que lo haga Europa, sí.

¿Cuánto durará? Depende del viento, su velocidad y la cantidad de gases que emita el volcán y tampoco se sabe cuánto tiempo permanecerá «activado». Esas partículas en suspensión, que aún no se sabe si llegarán a la Península Ibérica, pueden mantenerse circulando meses o años. De momento, su altura no acarrea riesgo para la salud de las personas.

Islandia, una «bomba» volcánica latente, nos ha vuelto a recordar por enésima vez lo frágiles que somos.

Fuente: Gara.net

La erupción del Pinatubo el 12 de Junio de 1991 en Filipinas, ha sido la erupción volcánica más poderosa desde 1912.


Ubicación del monte Pinatubo en la Filipinas.


Quantum opina:

El volcán islandés Eyjafjalla es solo el comienzo de una larga cadena volcánica activa desde hace 200 millones de años que tiene 15.000 kilómetros de largo y que divide en dos de norte a sur el océano Atlántico. Asentada en Islandia, un hervidero volcánico que sigue empeñado en no olvidar sus orígenes; sin embargo, gracias a este fenómeno la vida ha prevalecido en nuestro planeta evitando asi que se convirtiese en un planeta frío.

Con un planeta frío sin volcanes ni seísmos, el flujo constante de agua que sale desde el interior de la Tierra hacia su superficie se habría detenido y la vida como la conocemos hoy habría desaparecido. Sin atmósfera ni hidrosfera el planeta azul sería un planeta rojo muy parecido a Marte, donde lo único que circula es el viento y la arena que este mueve. Un inmenso desierto sin vida.


A todo esto cabe destacar que dicha erupción no va a enfriar el planeta. Hasta ahora, el volcán ha lanzado menos de 0,004 millones de toneladas de SO2, en comparación con los 20 millones de toneladas que la erupción del Pinatubo inyectó en la estratosfera en 1991. Para entonces su erupción inyectó una gran cantidad de sulfatos en la parte alta de la atmósfera, donde circuló durante más de un año, ensombreciendo la Tierra. Por otra parte, la emisión de Islandia fue sólo en la baja atmósfera, donde duraría al menos par de semanas, a diferencia del par de años que permanecería en la estratosfera.

Aún así Islandia no deja de sorprendernos, su latente actividad no evita puntuales sobresaltos, quién sabe si a la espera de uno mucho mayor.

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