20 julio 2009

Crónica de un viaje fantástico: APOLO XI rumbo a la Luna (4 de 4)




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Una de las primeras cosas que el astronauta del Apolo 11 Neil Armstrong mencionó cuando pisó la superficie de la Luna fueron las sombras. "Está bastante oscuro aquí en la sombra [del módulo lunar] y me es un poco difícil ver si estoy pisando en firme", comunicó a la Tierra.

El módulo lunar Eagle había aterrizado en el Mar de la Tranquilidad con su caja de equipo externo, un compartimiento estibado llamado "MESA", en la sombra de la nave espacial. Aunque el resplandor del Sol caía alrededor de ellos, Armstrong y Buzz Aldrin tenían que trabajar en la oscuridad para desplegar la cámara de TV y varias herramientas de geología.

Neil y Buzz instalaron un recolector de viento solar, erigieron una bandera y develaron una placa que proclama: "Venimos en paz por toda la humanidad". Ellos tomaron la primer llamada telefónica interplanetaria —"No puedo expresarles cuán orgullosos estamos todos", dijo el Presidente Nixon desde la Casa Blanca. Recogieron 47 libras de rocas lunares y tomaron 166 imágenes. Verificado. Verificado. Verificado.

Por último instalan a pocos metros del LEM un sismómetro para conocer la actividad sísmica de la Luna y un retrorreflector de rayos láser para medir con precisión la distancia que hay hasta nuestro satélite.
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Portada del New York Times anunciando la llegada del hombre a la Luna
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Michael Collins abordo del módulo de mando
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Mientras esto sucede, Michael Collins sigue en órbita en el módulo de mando y servicio con un ángulo muy rasante. Cada paso en órbita, de un horizonte a otro, sólo dura 6 minutos y medio pero desde semejante altura no es capaz de ver a sus compañeros. Cada dos horas ve como cambia la Luna y también observa como órbita debajo de su cápsula la sonda soviética Luna
15 en dos ocasiones.

La lista de comprobación continuaba: Subir de regreso al Eagle. Almacenar las rocas.

"Es muy fácil ver en las sombras después de adaptarse por un rato", comenta Armstrong. Pero, añade Aldrin, " moverse hacia atrás y hacia delante desde la luz a la sombra debe evitarse, porque la demora en recuperar la capacidad de percepción le hará perder tiempo".

En realidad, las sombras de la Luna no son absolutamente negras. La luz solar reflejada desde el finamente contorneado terreno lunar proporciona una débil iluminación, como lo hace la propia Tierra, la cual es una fuente secundaria de luz en los cielos lunares. Con suficiente tiempo para adaptarse, un astronauta puede ver casi por todas partes.

Durante el programa Apolo, minúsculas sombras en lugares inesperados irritaban a los astronautas —un tornillo aquí, un indicador de oxígeno bajo allí. En general, estos eran problemas menores, comunes en un día de trabajo, pero a los astronautas no les complacía perder minutos importantes para sus exploraciones.
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"hay un halo rodeando la sombra de mi casco". Armstrong tenía uno también.
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"La Luna es como un desierto de 4 mil millones de años”
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Aldrin inspeccionando los equipos del módulo lunar
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Una sorpresa final: Cuando los astronautas miraron las sombras de sus propias cabezas, vieron un extraño resplandor. Buzz Aldrin fue el primero en reportarlo... "[hay] un halo rodeando la sombra de mi casco". Armstrong tenía uno también. (Este efecto se conoce como "efecto de oposición" y se debe a que la superficie lunar está espolvoreada con diminutas esferas vidriosas (piense en ellas como gotas de rocío lunar) y minerales cristalinos, que pueden reflejar la luz solar hacia atrás, creando entonces una "retrodispersión coherente" —partículas de polvo lunar más pequeñas que la longitud de onda de la luz difractan la luz solar, irradiando en dirección al Sol).

"La Luna es como un desierto de 4 mil millones de años”, dice. "Es increíblemente seca. Cuando el polvo lunar entra en contacto con el aire húmedo en un módulo lunar, usted consigue 'el efecto de la lluvia del desierto' —y algunos olores como el de la pólvora quemada”. Era polvo lunar.

"Desearía poder enviarle un poco, es una materia asombrosa, se siente suave como la nieve, aunque extrañamente abrasivo. Huele como la pólvora quemada”.

¿Cómo pudo oler el polvo lunar?

No podían tocar con sus narices la superficie lunar. Pero, después de cada caminata lunar (o de Actividad Extra Vehicular-"EVA"), llevarían la materia dentro del modulo. El polvo lunar era increíblemente pegajoso, adhiriéndose a las botas, a los guantes y a cualquier superficie expuesta. No importa cuánto cepillaron sus trajes antes de entrar la cabina, algo de polvo (y a veces mucho) ingresó a la cabina.

Una vez que retiraban sus cascos y guantes, los astronautas podían sentir, oler e incluso probar la Luna.

Curiosamente, ya en la Tierra, el polvo lunar no tiene ningún olor. Hay centenares de libras de polvo lunar en el Laboratorio de Muestras Lunares en Houston. Allí, Gary Lofgren, experto de la NASA, ha sostenido rocas polvorientas de la Luna con sus propias manos. Ha olido las rocas, el aire, sus manos. "No huele como la pólvora”, dice.
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El polvo lunar era increíblemente pegajoso, adhiriéndose a las botas, a los guantes y a cualquier superficie expuesta.
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Neil y Buzz instalaron un recolector de viento solar, un sismómetro y un retrorreflector de láser.
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"Venimos en paz por toda la humanidad"
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¿Imaginaron cosas las tripulaciones de las misiones Apolo? No. Lofgren y otros tienen una explicación mejor:

El polvo lunar en la Tierra "se ha vuelto inerte”. Todas las muestras traídas por los astronautas del Apolo han estado en contacto con aire húmedo, rico en oxígeno. Cualquier reacción química olorosa (o las evaporaciones) terminaron hace mucho tiempo.

No era esto lo que se esperaba. Los astronautas llevaron envases “termos” especiales a la Luna para guardar las muestras en el vacío. Pero los bordes dentados del polvo cortaron inesperadamente los sellos de los envases, permitiendo que el vapor del oxígeno y de agua entrara furtivamente durante el viaje de tres días de regreso a la Tierra. Nadie puede decir cuánto del polvo fue alterado por esa contaminación.

La caminata lunar ya se había realizado. Las rocas lunares estaban almacenadas. El primero en regresar al módulo lunar es Aldrin, al que sigue Armstrong. Era el momento de Cenar: Guisado de carne de res o crema de sopa de pollo. Y por supuesto, dormir. Finalmente, después de dos y media horas, intensas e hilarantes, era tiempo de irse. La nave estaba lista para partir. En sólo unas cuantas horas, el módulo de ascenso del Eagle (Águila) despegaría de la Luna, algo que ninguna nave había hecho antes. Neil Armstrong necesitaba estar completamente lúcido. Se acurrucó sobre la cubierta del motor del Eagle y cerró los ojos. Se suponía que Neil estuviese dormido. Pero no podía dormir.

Buzz Aldrin tampoco. En el reducido módulo, a Buzz le correspondió el mejor lugar, el piso. Se estiró tanto como pudo en su traje espacial y cerró los ojos. No sucedió nada. En un día como éste, dormir era imposible. Llegábamos al limite. "Simplemente, no puedes dormir mientras se espera (el despegue)"; comentaba Aldrin al terminar la misión.
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Armstrong sonriente después de realizar la caminata
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Collins en comunicación con la base en Houston
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El Eagle no era un lugar adecuado para dormir. La cabina minúscula era ruidosa con las bombas y luces de aviso brillantes que no pudieron ser desvanecidas. Incluso las cortinas de la ventana eran brillantes, iluminadas por intensos rayos solares desde el exterior. "Después de que entré en mi estado de sueño y todo se calmó, me di cuenta que había algo más que me incomodaba",
dijo Armstrong. El Eagle tenía un telescopio óptico que salía de la nave al estilo de un periscopio.
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"La Tierra estaba brillando justo a través del telescopio en mi ojo. Era como una bombilla".
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Para tener algo de descanso cerraron los cascos de sus trajes espaciales. El interior era tranquilo y "no estarían respirando todo el polvo" que habían introducido después de su caminata lunar, dijo Aldrin. ¡Rayos! No funcionó. Los sistemas de enfriamiento del traje, tan necesarios afuera en la abrasadora superficie lunar, eran demasiado fríos para dormir en el interior del Eagle. Lo más que pudo arreglárselas Aldrin fue "un par de horas de dosificante descanso mental". Armstrong
simplemente permaneció despierto.
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Cuando finalmente la llamada para despertarse llegó,"Base de la Tranquilidad, Base de la Tranquilidad, Houston. Cambio". Armstrong respondió con rapidez, "Buenos días, Houston. Base de la Tranquilidad. Cambio". El largo día había terminado. Era el momento de irse a casa, a la Tierra, para un buen sueño nocturno.
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Después de 13 horas se produce el despegue. El motor de la etapa de ascenso entra en ignición abandonando su sección inferior en la superficie, y se dirige hacia el Columbia.
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Sistema de amerizaje de la cápsula
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Cápsula del Apolo 11
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Astronautas del Apolo 11 siendo rescatados del Oceáno Pacífico
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Cápsula siendo transportada al portaaviones USS Hornet
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A bordo del portaaviones USS Hornet
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A las 19:34 del 21 de julio, el módulo de ascenso se eleva desde la Luna. Siete minutos después del despegue, el Eagle entra en órbita lunar a cien kilómetros de altura y a quinientos kilómetros del Columbia. Lentamente y utilizando los propulsores de posición, se van acercando ambos vehículos hasta que tres horas y media después vuelan en formación. El comandante efectúa
la maniobra final con el Eagle y gira para encararse con el Columbia. Se acerca hasta que los garfios de atraque actúan y ambos módulos quedan acoplados. El módulo de ascenso es abandonado, cayendo sobre la superficie lunar.
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El transbordo de las muestras y la desconexión de parte de los sistemas del módulo Eagle, ocupa a la tripulación durante dos horas, y cuando se sitúan en sus puestos, se preparan para abandonar al Eagle en la órbita de la luna. A las 6:35 del 22 de julio encienden los motores del módulo iniciando el regreso a la Tierra. Es la maniobra denominada inyección trans-tierra,
que consiste en un encendido hipergólico de dos minutos y medio y que sitúa al Columbia en una trayectoria de caída hacia la Tierra que concluirá en sesenta horas.
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Houston les informa de que hay posibilidades de temporal en la zona prevista para el amerizaje y redirigen al Apolo 11 a una zona con tiempo estable, concretamente a 1.500 km al sudoeste de las islas Hawái, donde serán recogidos en el Océano Pacífico por los tripulantes del portaaviones USS Hornet, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, tras efectuar 30 órbitas a la Luna.
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Unos minutos después de la pérdida de comunicaciones, se reciben en Houston las primeras señales procedentes de la nave. A ocho kilómetros se abren los dos primeros paracaídas para estabilizar el descenso. A tres kilómetros, estos son reemplazados por tres paracaídas piloto y los tres paracaídas principales de veinticinco metros de diámetro. Por fin consiguen amerizar a
las 18:50 del 24 de julio, exactamente 8 días, 3 horas, 18 minutos y 35 segundos después de que el Saturno V abandonó la rampa del Complejo 39.
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El presidente Nixon intercambia impresiones con los astronautas a su llegada
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En la cámara de cuarentena los astronautas saludan a sus esposas
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Una placa fué colocada en una de las patas de la fase de aterrizaje del módulo lunar que todavía permanece allí. Está firmada por la tripulación del Apolo 11 (Neil Armstrong, Buzz Aldrin, Michael Collins) y por el entonces presidente de los Estados Unidos (Richard Nixon).

Mensaje (en inglés):

Here Men From The Planet Earth First Set Foot Upon the Moon, July 1969 A.D. We Came in Peace For All Mankind.


Traducción al español:

Aquí, unos hombres procedentes del planeta Tierra, pisaron por primera vez la Luna en Julio de 1969 D.C. Vinimos en son de paz en nombre de toda la humanidad.
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Placa dejada en la Luna por los astronautas

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Por Juan Carlos Jiménez


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