13 abril 2009

Se registran cambios en la superficie de Júpiter




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La Gran Mancha Roja, una colosal tormenta de dos veces el diámetro de nuestro planeta está menguando mientras otras manchas emergen para retar su estatus. Las observaciones de la cobertura de nubes a lo largo de la última década aproximadamente ha sugerido que la enorme tempestad oval estaba haciéndose más pequeña conforme cambia el clima de Júpiter.
Pero tales observaciones son complejas debido a que es difícil encontrar los bordes de la tormenta comparado con las nubes cercanas en la superficie visible de un planeta gaseoso que está completamente cubierto de coloridas nubes. Las tormentas cercanas pueden seccionar partes de la tormenta gigante, y de tal forma la Gran Mancha Roja puede consumir las nubes cercanas.

No obstante, los datos de velocidad del viento tomados desde 1996 a 2006 han permitido a los científicos medir el tamaño de la tormenta con mayor precisión analizando las velocidades de los vientos y sus direcciones. “Los datos de velocidad del viento muestran que la Mancha Roja ha estado menguando a lo largo de su diámetro principal aproximadamente en un 15 por ciento durante ese periodo”, dijo Xylar Asay-Davis, que llevó a cabo el estudio junto con Phil Marcus, Mike Wong e Imke de Pader en la Universidad de California en Berkeley.

Mancha negra aparecida en el ecuador de Júpiter un mes después del impacto con la sonda Galileo
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No está claro aún por qué la tormenta está menguando, pero después de 300 años de mantenerse ahí, la mancha no parece estar en peligro de desaparecer en un tiempo cercano, dijo Asay-Davis. “Encontramos que la Mancha Roja ha estado menguando pero no frenándose”, dijo Asay-Davis a SPACE.com

El planeta gigante pasó por una gran agitación entre 2005 y 2007 cuando “un cúmulo de inusuales patrones climáticos y cambios de color tuvieron lugar en todo el planeta”, dijo Asay-Davis. Los cambios generaron la Pequeña Mancha Roja en 2006, una osada tormenta cuyo tamaño y velocidad podría rivalizar finalmente con su hermana mayor, dicen otros científicos. “En términos de velocidad máxima del viento, la Pequeña Mancha Roja, según sus medidas en 2007 y la Gran Mancha Roja, medido en 2000, son aproximadamente iguales”, dijo el pasado mayo Andrew Cheng, físico de la Universidad Johns Hopkins.

La Gran Mancha Roja puede que no desaparezca, pero su estatus podría estar en peligro.
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Secuencia de la misteriosa mancha negra

¿Proyecto Lucifer en marcha?
En 2003, la NASA tomó la prudente decisión de finalizar la enormemente exitosa misión Galileo utilizando las últimas gotas de combustible para lanzarla a gran velocidad hacia el gigante gaseoso. Al hacerlo, se aseguraban de que la sonda se quemaría durante la reentrada, dispersando y quemando todos los contaminantes (tales como bacterias terrestres y el radiactivo combustible de plutonio-238 que llevaba a bordo). La mayor preocupación en cuanto a dejar a Galileo en una órbita muerta era que si el control de la misión perdiera contacto (muy probable, ya que los anillos de radiación que rodean a Júpiter degradaban los aparatos electrónicos, ya anticuados, de la sonda), hubiera existido la posibilidad de que Galileo se estrellara contra una de las lunas de Júpiter, contaminándola y eliminado toda posibilidad de vida microbiana extraterrestre. Ésta era una preocupación grave, especialmente en el caso de Europa, que sería el lugar donde con más probabilidades podría prosperar la vida bajo la superficie helada.

Mancha dejada por el impacto del cometa Shoemaker-Levy-9 en 1994

Se Cree que hubo una explosión dentro de la atmósfera después del impacto de Galileo, lo cual es demostrable con la aparición de una mancha negra cerca del ecuador de Júpiter un mes después del acontecimiento. la mancha oscura surgida en la superficie de Júpiter podía haber sido la manifestación de una detonación nuclear de Galileo en las profundidades del planeta que, después de un mes, podía haber emergido a la superficie. Hay mucha similitud entre los efectos de la mancha con su homologo en 1994 cuando fragmentos del cometa Shoemaker-Levy 9 impactaron en la superficie de júpiter.

Aunque la historia ya ha demostrado que no se puede crear una estrella a partir de un gigante gaseoso utilizando una sonda espacial (o sea: Júpiter + Sonda + Estrella), los teóricos de la conspiración creen que el malvado plan de la NASA fracasó y que existe alguna prueba de que ocurrió algo después de que Júpiter se tragó a Galileo. Hoy en día el temor vuelve a surgir pues una sonda con iguales características a la de Galileo, de nombre Cassini podría lograr lo que su homologa no pudo, sea estrellándola contra Saturno o probar nuevamente contra Júpiter.
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El sello de Júpiter: su mancha roja

Ultima misión sonda Cassini
El destino final de la sonda Cassini aún no ha sido decidido. Hacerla impactar contra Saturno como ocurrió con la sonda Galileo una vez acabada su misión en Júpiter no es en principio factible, ya que -si se hace en una trayectoria a través del plano ecuatorial del planeta-, la presencia de los anillos hace probable la colisión con las partículas que los componen, perdiéndose así el control de la nave. Ni tampoco estrellarla contra cualquiera de las lunas de Saturno —particularmente Titán y Encélado— debido al calor generado en la colisión y por sus reactores nucleares, el cual podría perturbar posibles formas de vida.

Cassini rumbo a Saturno (representación artística)

Las alternativas sugeridas van desde situarla en una "órbita de aparcamiento" en la que no exista riesgo de colisión con ninguna otra luna hasta sacarla del sistema de Saturno mediante sobrevuelos de Titán para acabar estrellándola en Júpiter o en Mercurio, o incluso sacarla del Sistema Solar. Sin embargo, una opción que se ha sugerido y que ha sido apoyada por una buena cantidad de científicos de la misión es enviar a Cassini en una órbita de muy alta excentricidad que la llevaría entre la atmósfera del planeta y el anillo D, a través de un hueco de 3800 kilómetros que hay entre ambos y en la que tras realizar 20 de ésas órbitas sería precipitada contra Saturno, ardiendo en su atmósfera el día 15 de septiembre de 2017.

Por Juan Carlos Jiménez



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