La Agencia Espacial Europea (ESA) se dispone a lanzar otros dos telescopios (Herschel y Planck) para estudiar el universo bajo dos luces muy diferentes: el infrarrojo y las microondas. Si todo va como está previsto, un cohete Ariane 5 de la ESA partirá hoy desde la base de Kourou, en la Guayana Francesa, con los dos telescopios a bordo. Se trata, en ambos casos, de dos de los instrumentos más sofisticados jamás enviados al espacio. El cohete Ariane 5 que debe ponerlos en órbita, tiene previsto despegar entre las 13.12 y las 14.07 horas GMT.
Los responsables de la misión y los centenares de científicos e ingenieros implicados en ella, no cantarán victoria hoy en el momento que el Ariane-5 se separe de la plataforma de lanzamiento, media hora después de ese momento, en concreto 26 minutos después de la partida se separará del cohete el Herschel. Luego lo hará la estructura que separa ambos telescopios en la punta del cohete, y a continuación, en el minuto 28 de vuelo, se liberará el Planck.
Tras el lanzamiento, ambos telescopios serán conducidos hasta L2, el segundo de los cinco puntos de Lagrange del sistema Sol-Tierra. Un punto Lagrange es una posición concreta en un sistema orbital en el que las atracciones gravitatorias de los objetos del sistema se anulan, permitiendo la colocación de satélites en posiciones fijas. Ambos satélites iniciarán entonces su viaje en solitario hacia el lugar de trabajo, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Cuando empiecen a volar autónomamente, enviarán una señal de estamos vivos y entonces sí, el aplauso será atronador en la sala de control.
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En el rango de los infrarrojos, por ejemplo, el Herschel podrá «penetrar» a través de las más densas nubes de polvo y gas, ver dentro de ellas y asistir por primera vez, por ejemplo, a la formación y nacimiento de nuevas estrellas. El telescopio será capaz de estudiar también los objetos más fríos y distantes del universo, y de detectar agua en el espacio exterior, ya sea en cometas de nuestro propio sistema solar o en el tenue gas interestelar. El telescopio podrá, además, «ver» lo que sucedió en el universo primitivo, hace más de trece mil millones de años, cuando se formaron las primeras galaxias y estrellas.
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Planck, por su parte, está especialmente concebido para escudriñar la radiación cósmica de fondo, o lo que es lo mismo, la radiación residual del Big Bang que, en forma de microondas, permea hasta el último rincón del universo. Dotados de revolucionarios instrumentos de observación, Planck y Herschel trabajan en condiciones de frío extremo, próximos al cero absoluto, para evitar distorsiones en sus mediciones.Herschel está equipado con el espejo más grande jamás enviado al espacio, de 3,5 metros de diámetro, lo que ha complicado su puesta en órbita, retrasada en varias ocasiones.
Eso limita su duración de vida, que será de entre tres y cinco años en el caso de Herschel, y de entre año y medio y dos años y medio para Planck. Fruto de 15 años de experimentación y de más de 1.700 millones de euros (2.300 millones de dólares, al cambio de hoy) de inversión, los dos telescopios se situarán en un punto de equilibrio entre la atracción terrestre y solar, a unos 1.500 millones de kilómetros de la Tierra.
Fuente: ESA
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